Genocidios en la historia

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El término genocidio hace referencia a la destrucción sistemática y deliberada de un grupo étnico, racial o nacional ya sea de todo el grupo o de una parte de éste. El término tuvo su aparición en 1944 y fue utilizado por el jurista polaco Raphael Lemkin. Éste se encuentra definido en el artículo 2 de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (CPSDG) de 1948 como “cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, de manera total o parcial, un grupo nacional, étnico, racial o religioso, tales como: la matanza de miembros del grupo; lesiones graves a la integridad física o mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

La Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción al Delito de Genocidio de 1948 define

Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial o religioso como tal:
a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños de un grupo a otro grupo.
Gitanos, armenios y otras poblaciones han sido víctimas de genocidios y holocaustos que no han sido tan mediáticos como el judío. 
Desde 2006, cada 27 de de enero se celebra el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Y aunque hoy vienen a la memoria los millones de judíos que fueron asesinados en campos de concentración y masacres por el régimen de Hitler, en la historia de la humanidad ha habido otros casos de genocidio, actos atroces perpetrados con la intención de destruir a un grupo por motivos étnicos o religiosos. A continuación les mostramos algunos de los muchos que han sucedido a lo largo de la historia:

Caída de Roma

Para el año 476, el Imperio Romano estaba muy lejos de sus tiempos de esplendor. Ya en el siglo III sufrió una tremenda crisis de la que apenas pudo salir. Cien años después incluso tuvo que dividirse en dos para sobrevivir. En el 410 Roma fue saqueada por los alanos, uno de los varios pueblos bárbaros que habían penetrado unas fronteras que había dejado de ser impenetrables. Atila, con sus huestes de hunos, había llegado a saquear ciudades como Milán, y solo pudo ser frenado con enormes dificultades. El colofón vino en el mencionado año, cuando el emperador Rómulo Augusto, que apenas gozaba ya de poder, fue depuesto por Odoacro, rey de los hérulos. Comenzaba así la Edad Media. En todo este proceso perecieron unos ocho millones de personas, el equivalente a 105 de mediados del siglo XX.

 
 
El comercio de esclavos fue una práctica habitual en el mundo islámico desde su origen y fulgurante expansión en el siglo VII con Mahoma. Desde la península arábiga hasta España pasando por el norte de África, la civilización musulmana comerció especialmente con eslavos (de aquí el origen de la palabra ‘esclavo’), persas, turcos… Se estima que hasta el siglo XIX, 19 millones de personas murieron por una práctica teóricamente abolida. En cifras actualizadas, serían unos 132 millones.
 
 
El peor conflicto en la historia de la humanidad tuvo lugar en China entre los años 755 y 763. El general que da nombre a la revuelta se levantó en armas contra la reinante dinastía Tang, que tras un periodo de esplendor, había entrado en decadencia. En solo ocho años perecieron 36 millones de personas -entre ellos, el propio líder, que murió asesinado por su hijo- de las 60 que habitaban el actual gigante asiático. Se calcula que en el mundo había entre 200 y 250 millones de habitantes, de manera que falleció en torno a un 15% de la población mundial frente al 2% de muertes que provocó la II Guerra Mundial.
 
 
La irrupción de Gengis Khan (1162-1227) en la estepa asiática supuso un antes y un después en la historia del mundo. Las hordas de los mongoles arrasaron allí por donde pasaron para conformar uno de los mayores imperios jamás conocidos: abarcó desde el extremo oriente hasta los confines mismos de Europa. A lomos de sus pequeños caballos, sus guerreros estaban perfectamente adaptados a los largos viajes que les impuso la imparable marcha impuesta por el gran Khan. Imbuidos de una fidelidad inquebrantable a su líder («Si me envía al fuego o al agua, allí voy. Voy por él»), cada hombre llevaba solo lo imprescindible: una casaca de lana, un par de pantalones, un sombrero de piel con orejeras y unas botas de montar de suela gruesa, todo ello pensado para soportar el terrible frío de la estepa siberiana. Podían estar fácilmente uno o dos días sin ingerir alimentos. En su periplo, se calcula que fallecieron cuarenta millones de personas, unos 278 millones en la escala de mediados del siglo XX. Gengis Khan lo dejaba bien claro a sus enemigos cuando asediaba una ciudad: «A los comandantes, a los ancianos y al pueblo en general. Sabed que Dios me ha dado el gobierno de la tierra desde Oriente hasta Occidente. El que se someta, salvará la vida, pero el que resista, será aniquilado junto con sus esposas, hijos y las personas que tenga a su cargo».
 
 
Timur-Leng, más conocido como Tamerlán, es el último de una estirpe de conquistadores de la estepa asiática que comenzó con Atila y continuó Gengis Khan. Nacido en 1336 en la actual Uzbekistán, su imperio surgió de las cenizas que habían dejado los mongoles. En poco más de veinte años, conquistó ocho millones de kilómetros cuadrados –poco menos que la superficie de Estados Unidos– entre la India y Moscú. Como su antecesores, no tuvo reparos en aniquilar a cualquiera que se interpusiera en su camino, como ocurrió en las conquistas de Bagdad o Damasco. Son famosas las pirámides que construían sus soldados con las cabezas de sus enemigos. 17 millones de víctimas causó su ansia de conquista, 100 en el cálculo actualizado de Matthew White.
 
 
Historiadores coinciden que el 12 de octubre 1492, conocido como el día del Descubrimiento de América, el Día de la Raza o el Encuentro de Culturas, no es una fecha para celebrar. La llegada de los conquistadores españoles al continente americano dio inicio a uno de los genocidios más grandes en la historia de la humanidad. Al menos 90 millones de pobladores de la región fueron exterminados. El antropólogo brasileño Darcy Ribeiro planteó que a finales del siglo XV, al momento en que arribaron los conquistadores europeos a América, existían aproximadamente 70 millones de indígenas. Un siglo y medio después solo quedaron unos tres millones y medio. La invasión del imperio español dejó a su paso muerte, desolación, el saqueo de los recursos y riquezas naturales. Los pueblos originarios fueron esclavizados, torturados, despojados de su tierra, de su cultura y evangelizados. La invasión genocida, como también se le conoce, no solo exterminó a millones de pobladores de la región, sino que también se valió del “secuestro, tortura, deportación, mercantilización y esclavitud de millones de habitantes del continente africano” como mano de obra barata en el “nuevo” continente, reseña el portal Rebelión.
 

La trata de negros africanos a gran escala comenzó con la llegada de los portugueses en el siglo XV y se acentuó con la necesidad de mano de obra en América en el XVIII. A medida que aumentaban las necesidades de esclavos al otro lado del océano, las incursiones hacia el interior del continente fueron haciéndose cada vez más profundas, tejiéndose una complicada red que comprendía cuadrillas de asalto, tratantes indígenas e intermediarios. Las guerras tribales se intensificaron para hacer prisioneros y venderlos. ¿Qué ofrecían los europeos a cambio? Telas, armas de fuego, bebidas alcohólicas y otros géneros, en su mayoría inútiles o perjudiciales. Cuesta imaginar la dureza de un viaje transoceánico que podía durar dos o tres meses. Apiñamiento, epidemias, violencia… No pocos se suicidaban. Se calcula que en el siglo XVIII salieron de África 7,5 millones de esclavos; de ellos, 1,2 murieron en el viaje. Una vez en América, su destino dependía en gran parte del carácter del comprador. Lo más habitual era que fueran a trabajar a las plantaciones, que era poco menos que una sentencia de muerte por el agotador trabajo y los brutales castigos. En conjunto, y a lo largo de cuatro siglos, murieron 18 millones de personas, 83 en cifras de 1950.
 
Caída de la Dinastía Ming (S. XVII)
 
Al comenzar el año 1600, el esplendor de la dinastía Ming ya solo era un recuerdo del pasado. Desde su instauración en el poder en 1368 como reacción a la dominación de los mongoles, China vivió algunos de sus momentos de mayor esplendor: la población se duplicó, se construyó gran parte de la Gran Muralla así como la Ciudad Prohibida, contaban con la probablemente mejor flota del mundo… Más que los enemigos exteriores, fueron las disensiones internas en la cúpula del poder las que minaron su fortaleza y allanaron el camino al desastre.. Un levantamiento de los campesinos, hartos de la miseria, el desgobierno y los abusos, llevó a estos a asaltar Pekín. El último emperador Ming abdicó y a continuación se suicidó. Era el año 1644. Para acabar con esta sublevación, los dirigentes decidieron recurrir a los manchúes, descendientes de los mongoles que se mezclaron con los propios chinos y los coreanos. Lo que pretendió ser un recurso de emergencia para acabar con los campesinos, terminó por instaurar una nueva dinastía. Por el camino murieron 25 millones de personas, 112 en cifras de mediados del siglo pasado.
 
 
Puede que murieran 15.000.000 a manos de los conquistadores europeos. Junto con el desplome de la población nativa a lo largo y ancho del hemisferio occidental, centenares de tribus simplemente desaparecieron: Los arrohattoc de Virginia habían desaparecido en 1669. Los apalaches de Florida se extinguieron en el siglo XVIII. Los yazoo del Misisipi se extinguieron después de 1729. La lengua powhatan de Virginia murió en la década de 1790. Los timucua de Florida desaparecieron poco después de 1821. Shanawdithit, el último beothuk conocido de Terranova, murió en 1829. Durante la década de 1870, los argentinos aniquilaron a los indios araucanos para abrir las Pampas a los asentamientos de los blancos. Ishi, el último yahi de California, murió en 1916. Los clackamas de Oregón habían desaparecido en la década de 1920. La lengua natchez de Luisiana se extinguió en la década de 1930. La familia de lenguas catawba de las Carolinas se extinguió en la de cada de 1960. La pauta de destrucción aplicada a cada tribu era muy similar. Los primeros visitantes blancos eran recibidos con cautelosa hospitalidad. El contacto con los europeos no tardaba en infectar a los nativos con enfermedades catastróficas. Después, balleneros, soldados, colonos o mineros atacaban la tribu en busca de mano de obra esclava o de provisiones. Los indios robaban caballos o herramientas. Los ladrones y los intrusos eran ejecutados. La otra parte se vengaba. Durante un cierto tiempo volvía la paz. A continuación estallaba la guerra. Finalmente, los blancos lugareños decidían que la única solución era expulsar a los nativos definitivamente. Los indios que cooperaban eran rodeados y enviados a otro lugar, mientras que los que no cooperaban eran cazados y eliminados. Los pocos y lamentables supervivientes pasaban a disposición de una organización benéfica, donde eran alojados en un refugio y se les enseñaba a cantar himnos. Los últimos miembros de la tribu eran considerados como una curiosidad triste y ebria y se les permitía morir sin perpetuar su cultura ni su linaje.
 
 
Entre 1788 y 1920 desaparecieron 240.000. En una fase de la historia que constituye un paralelo de la conquista de las Américas, los aborígenes (población original: probablemente 300.000 posiblemente 750.000) quedaron atrapados en plena colonización blanca y fueron destruidos por la violencia, las enfermedades y el hambre. En 1920 tan sólo quedaban 60.000. Quizá unos 20.000 aborígenes y unos 2.500 blancos murieron directamente a causa de los combates.
 
 
De nuevo China y de nuevo una matanza poco conocida. Este levantamiento, que se vio favorecido por la miseria y la decadencia de la ya mencionada dinastía manchú instaurada en el poder en 1644, fue liderado por Hong Xiuquan, una especie de aspirante frustrado a funcionario que tras fracasar varias veces en el examen que daba acceso a la administración, se convirtió en un iluminado radical. Influenciado al parecer por un misionero cristiano, comenzó a autoproclamarse segundo hijo de Dios y hermano menor de Jesucristo, y a destruir todo símbolo religioso no cristiano. Cultos demoniacos, según su delirio. Lo que empezó como una secta, se convirtió en un ejército capaz de poner en jaque a las fuerzas del imperio. Solo su suicido en 1864 y la intervención de las potencias occidentales lograron detener un levantamiento que dejó 20 millones de víctimas, el doble en números de cien años después.
 
 
Su población perdió aproximadamente 10 millones cuando Leopoldo II, rey de Bélgica, invadió a este país africano. El genocidio a los habitantes del Congo durante la colonización belga fue causado por el afán del rey Leopoldo II, quien a toda costa quería enriquecerse al explotar en condiciones infrahumanas a los negros en plantaciones de caucho, minas y otros negocios, genocidio que fue denunciado entre otros por el periodista Edmund Dene Morel, el diplomático Roger Casement y el escritor Joseph ConradSe calcula que durante los años de dominio de Leopoldo sobre el Congo fueron exterminados unos diez millones de nativos, la mayoría de ellos esclavizados, mutilados, asesinados o amenazados con la muerte para que trabajaran en la obtención de caucho. El historiador Adam Hochschild considera que de 1885 a 1908 la población congoleña quedó reducida a la mitad por culpa de los asesinatos, el hambre, el agotamiento, las enfermedades y el desplome de la natalidad. 
 
 
La matanza de los pueblos Herero y Namaqua es considerada por los historiadores como el primer genocidio del Siglo XX. Sucedió en Namibia, territorio colonizado por Alemania entre 1907 y 1915, luego de que los principales países europeos organizaran la repartición de la mayoría de los territorios del continente. Tras la llegada de los colonizadores, estos pueblos indígenas decidieron rebelarse contra los invasores. La represalia fue brutal: ambos pueblos fueron expulsados y perseguidos hacia el desierto, donde más del 50% de sus habitantes murió de sed o envenenados al beber de las pocas fuentes de agua que había. 
 
 
Desde el inicio del Mandato Británico en Palestina en 1920 hasta hoy miles de palestinos han sido muertos por las fuerzas de ocupación británicas y posteriormente, a partir de la creación del Estado de Israel en 1948 por las fuerzas israelíes, militares y paramilitares. Según un informe de las Naciones Unidas, entre el 16 y el 17 de septiembre de 1982, entre cuatro mil y cinco mil palestinos fueron brutalmente asesinados en los campos de refugiados de Sabra y Chatila al sur de Beirut (Líbano) por las falanges fascistas libanesas con la protección y el visto bueno del ejército israelí que respondía a las directivas del ministro de defensa Ariel Sharon, actual primer ministro. La ocupación del Líbano por parte de Israel entre junio de 1982 y mayo del 2000 significó la desaparición física de por lo menos trescientos mil libaneses y refugiados palestinos. Solamente durante la presente Intifada, desde fines de septiembre del 2000 hasta hoy, los palestinos han sufrido 3.582 muertos, muchos de ellos niños y adolescentes. (La cifra no incluye a los heridos graves fallecidos). Asimismo, tuvieron 38.971 heridos.
 
 
La Primera Guerra Mundial fue uno de los conflictos más sangrientos del Siglo XX. Sin embargo, mientras en los libros de historia el foco está normalmente centrado en Europa, las masacres perpetradas por el Imperio Otomano y los Jóvenes Turcos en las regiones del Cáucaso es en muchos casos ignorada. La mayoría de estos crímenes estaban apuntados contra las minorías cristianas del Imperio, que habitaban en lo que hoy es Armenia, Irak y Turquía. Se estima que entre estos 3 eventos murieron cerca de tres millones de personas, en un período que va desde 1914 a 1922. En las mismas, se deportó a millones de personas, despojándolos de todas las posesiones y obligándolos a marchar a través de territorios inhabitables. Esto expuso a los sobrevivientes a una larga marcha en la cual la mayoría falleció producto del calor extremo, la falta de agua y ataques de bandoleros, perpetrados con la ayuda de los militares del Imperio Otomano.
 
 
Matar de hambre. Ese fue el método que aplicó la URSS para convertir a Ucrania en un estado satélite del régimen soviético. A este genocidio se le conoce por el nombre de Holodomor, que significa ‘matar de hambre’. La hambruna artificial fue una técnica que Stalin provocó en más de una región adscrita a la URSS. En 2008, la ONU y el Parlamento Europeo condenaron los hechos como crímenes contra la humanidad, pero no emplearon el término genocidio en su denuncia. Murieron entre 1,5 y 10 millones de personas. A Iósif Stalin, que dirigió la Unión Soviética entre 1924 y 1953, se le atribuye la muerte de 40 millones de personas, entre purgas, hambrunas, colectivizaciones forzosas, depuraciones étnicas...
 
 
Tres años más tarde, en 1936, Iosif Stalin lanzaría una persecución brutal contra miembros de su propio partido, en un intento por consolidar su poder dentro de la Unión Soviética. El evento, conocido como «El Gran Terror» en la Unión Soviética, no solo tuvo lugar en todos los escalafones del gobierno, sino que también fue dirigido hacia la población civil. Si bien hasta entonces el término «purga» se usaba para definir la expulsión masiva de miembros del Partido Comunista, en esta oportunidad Stalin ordenó la ejecución y detención en campos de concentración a cientos de miles de miembros del partido y civiles que oponían resistencia al régimen. Se estima que entre 1937 y 1938 murieron cerca de 700 mil personas, mientras que otros 600 mil fueron enviados a campos de trabajo.
 
 
La primera mitad del Siglo XX fue una auténtica catástrofe en términos humanitarios para China. El país, en principio, fue invadido en 1937 por el Imperio Japonés, que no solo cometió todo tipo de atrocidades sino que además realizó crueles experimentos bacteriológicos sobre la población. Se estiman que durante esos años fallecieron 22 millones de personas. La derrota japonesa en 1945 marcaría el final de la ocupación, pero no el final del conflicto. Las divisiones entre los comunistas y los nacionalistas desencadenarían una brutal guerra civil en la que en total, fallecerían cerca de 11 millones de personas. Una tragedia de proporciones bíblicas.
 
 
Se estima que desde 1940 a 1945 murieron 500 mil gitanos. Los nazis los clasificaron como raza subhumana y los exterminaron sistemáticamente porque los gitanos tenían la reputación de ser delincuentes congénitos. En la Alemania en la que la raza aria era la que debía perdurar y liderar al mundo, los gitanos se encontraban dentro del grupo de los otros, los que, simplemente, no merecían vivir. Junto a ellos, judíos, homosexuales o disidentes políticos. Los nazis alegaban que era una característica genética, que los romaníes o gitanos (esta palabra es considerada peyorativa por algunos grupos) tenían la criminalidad en el ADN y se transmitía de padres a hijos. En los años 20 empezaron a aprobar leyes por las que les prohibían entrar en sitios públicos como parques, ferias o baños. Se les fichó (con foto y huellas) y quienes no tenían empleo u hogar fijos fueron confinados en campos. 
 
 
 
Lo que se conoce como ‘Revolución cultural’ (1949-1969) fue más bien un ajuste de cuentas dentro del Partido Comunista Chino, que acabó con un líder indiscutible: Mao Tse Tung, responsable de la muerte de más de 70 millones de personas.
 
 
 
Entre 1956-1962 las fuerzas armadas de Francia y sus servicios de inteligencia asesinaron a un millón doscientos mil argelinos durante la Guerra de Liberación de ese país norteafricano.
 
 
La Guerra de Vietnam (1964-1975) tuvo lugar en la península de Indochina y enfrentó a los EE.UU. y el gobierno de Vietnam del Sur por un lado, contra Vietnam del Norte y las guerrillas comunistas que actuaban en Vietnam del Sur por otro. La guerra terminó extendiéndose también a Laos y Camboya. La guerra del Vietnam fue la más larga de la historia norteamericana, supuso para este país una experiencia de fracaso y frustración, constituyendo, sin lugar a dudas, el más serio fracaso de EE.UU. en la guerra fría. El inicio de la implicación americana se remonta a inicios de los cincuenta cuando apoyaron los desesperados intentos de Francia por mantener su presencia colonial en Indochina frente a las fuerzas comunistas del Vietminh. La derrota francesa y los Acuerdos de Ginebra de 1954, que consagraron la partición de Vietnam en dos, llevaron a que Washington volcara su apoyo en el régimen anticomunista de Ngo Dinh Diem en Vietnam del Sur que hacía frente al Vietnam del Norte comunista, apoyado por la URSS. La corrupción de Diem hizo a su régimen crecientemente impopular y finalmente fue derrocado y asesinado por sus propios militares en 1963. Mientras tanto se había creado en Vietnam del Sur el Frente Nacional de Liberación (FNL) donde se aglutinaba toda la oposición incluyendo los comunistas. En 1964, la situación parecía desesperada para Vietnam del Sur. EE.UU., alegando como justificación el incidente de Tonkín contra su destructor Maddox el 2 de agosto de 1964, inició una intervención abierta. Se pasó de 4000 soldados norteamericanos en 1962 a casi 500.000 en 1967. Los bombardeos masivos, el uso de agentes químicos, la crueldad de la primera guerra retransmitida por los medios de comunicación hicieron enormemente impopular la política de EE.UU. en el Tercer Mundo, el bloque comunista y en partes significativas de la opinión pública occidental. Dentro del propio país, la oposición a la guerra se extendió entre la juventud ligándose a movimientos contra el sistema, como el movimiento “hippie”. Tras la ofensiva vietnamita del Têt en 1968, el presidente Johnson decidió el progresivo desvinculamiento del conflicto y la búsqueda de una solución negociada. Tras una compleja fase de negociaciones y enfrentamientos militares, se firmó en París en enero de 1973 un acuerdo de paz. En agosto de 1973, el Congreso norteamericano prohibió cualquier reanudación de la intervención norteamericana. La retirada de las tropas estadounidenses hizo que el régimen de Vietnam del Sur se derrumbara inmediatamente. La ofensiva final comunista tuvo lugar en la primavera de 1975. El 17 de abril, Phnom Penh cayó en manos de los Khmers Rojos. La agresión contra Vietnam de parte de EE.UU. solamente finalizó el 30 de Abril de 1975, cuando las tropas norvietnamitas tomaron Saigón la capital de Vietnam del Sur y la Embajada de EEUU. Esto creó un shock enorme en toda la sociedad estadounidense a la que se le había ocultado la presencia real de Estados Unidos en Vietnam, que en términos políticos y militares se conoció como el Síndrome de Vietnam.
 
 
Idi Amin pertenecía a la tribu kakwa y a los 18 años de edad ingresó al ejército británico. Su participación, muy joven, en la Segunda Guerra Mundial, a favor de los aliados, y durante la rebelión del nacionalismo Mau-Mau en Kenia, le valieron el reconocimiento de los británicos colonialistas. Preparó y ejecutó un golpe de estado en 1971, apoderándose de todos los resortes del gobierno, implantando una férrea dictadura. En los primeros años mantuvo buena relación con Gran Bretaña y los Estados Unidos pero muy pronto surgieron sus ideas racistas hacia otras etnias africanas y especialmente asiáticas. Ordenó la expulsión de cerca de medio millón de trabajadores asiáticos. Su régimen se transformó en una feroz tiranía que incrementó la represión y agravó el conflicto étnico al marginar, y en algunos casos perseguir a varias etnias. En esa represión murieron y desaparecieron aproximadamente 400.000 personas. Amin, apodado “el caníbal” o “el carnicero de Africa”. Llegó a comerse el hígado de varios enemigos políticos suyos siguiendo una tradición de guerreros que consumían las vísceras de sus enemigos derrotados para apropiarse del valor de los finados.
 
 
Los Jemeres Rojos fueron el partido político que gobernó Camboya entre 1975 y 1979. Su líder fue Pol Pot, que abrazó la ideología maoísta de forma extrema en plena Guerra Fría, con una idea muy clara: evitar cualquier ataque aéreo por parte de Estados Unidos. Con ese pretexto, la primera medida que tomó el régimen de Pol Pot fue el de evacuar todas las zonas urbanas del país, y declaró a los habitantes de las urbes como enemigos del Estado. Llevó el marxismo hasta tal punto que hizo desaparecer la moneda, el mercado, las escuelas y las religiones. Si en 1975 la población de Camboya era de 7,3 millones de habitantes, en 1978 esta disminuyó a 5 millones.
 
 
 
Uno de los genocidios más recientes es el del pueblo Kurdo que conforma la nación más grande del mundo sin una patria reconocida. Herederos de los medos, esta etnia indoirania fue empujada, como otros pueblos indoeuropeos, a abandonar Europa Central y, desplazándose hacia el sureste, se asentó en Turquía, Irán, Irak, Siria, Georgia y Armenia. Han sufrido el ataque constante de Turquía e Irak. El genocidio kurdo tiene datos variados. Sólo en un día, el 17 de marzo de 1988, en la ciudad de Halabja, murieron asesinados cinco mil kurdos, en su mayoría niños, bajo un ataque sorpresa con aviones del régimen de Hussein cedidos por Francia y la URSS y armas químicas de gas mostaza donadas por Alemania. Entre 1981 y 1984, cuarenta mil prisioneros kurdos fueron torturados y asesinados bajo las órdenes de Saddam Hussein ya que se negaron a renunciar a su identidad. Asimismo, las reseñas oficiales datan en cien mil los muertos kurdos en manos de las fuerzas militares de Saddam Hussein. Los muertos civiles durante el régimen de Hussein son incalculables. Muchos fueron torturados hasta morir. Tenían formas tan atroces de ejecutar a disidentes iraquíes como colocarles 100 gramos de explosivos en el estómago para después hacerles explotar por los aires. Las cifras de muertos pueden rondar los sesenta mil si excluimos a los cien mil desaparecidos. En total casi 2 millones de kurdos exterminados.
 
 
 
En Ruanda se distinguían dos clases, los hutu y los tutsi. La distinción no respondía a criterios étnicos o religiosos, pues no existen rasgos físicos específicos que diferencien a los hutus de los tutsis. Las diferencias se limitaban a cuestiones tribales y demográficas: la mayoría de la población ruandesa pertenecía a la clase hutu. La masacre comenzó a raíz del asesinato en 1994 del general Juvénal Habyarimana, presidente de Ruanda y perteneciente a los hutus. Su muerte desencadenó un plan de persecución contra los tutsis, que fueron desplazados a campos de refugiados. Se eliminó al 75 por ciento de la población tutsi durante la barbarie. Se calcula que más de 800 mil personas fueron asesinadas y casi cada una de las mujeres que sobrevivieron al genocidio fueron violadas. También se habla de una venganza tutsi, conocida como el “otro genocidio”, aunque sus cifras no son comparables. Sin embargo, la matanza no solo se centró en los tutsis. El sector radical de los hutus también aniquiló a hutus moderados que se oponían a Habyarimana. Se mezclaron por tanto razones políticas al genocidio. Tras el genocidio, la distinción entre hutu y tutsi fue eliminadas de los carnét de identidad.
 
 

La masacre de Srebrenica, el capítulo más oscuro en la Europa de posguerra, se remonta al verano de 1995, cuando después de casi tres años de asedio, el general serbobosnio Ratko Mladic ordenó el ataque final contra 40.000 civiles musulmanes de la ciudad (en Bosnia oriental), de los cuales la mitad eran refugiados de los alrededores en esta zona declarada "protegida por la ONU". El baño de sangre ocurrió en apenas cinco días, en julio de 1995. Miles de hombres fueron ejecutados y sepultados en fosas colectivas, otro tanto fueron enterrados vivos, hombres y mujeres mutilados y luego acribillados, niños asesinados frente a sus madres.  El que fuera entonces líder serbobosnio Radovan Karadzic fue condenado a 40 años de prisión por el Tribunal Penal Internacional de La Haya al considerarlo culpable de genocidio y crímenes contra la humanidad durante la guerra de Bosnia.
 
 
La guerra civil siria es un conflicto bélico iniciado en Siria tras las protestas antigubernamentales de 2011 que derivaron en enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas del país y la denominada oposición siria. Además de acabar con la vida de entre 300.000 y 470.000 personas, el conflicto ha desencadenado una crisis humanitaria. Para 2016 de los 22 millones de habitantes del país más de la mitad tuvieron que huir. 13 millones y medio de estos desplazados internos necesitan ayuda urgente. Además, 4,8 millones llegaron huir a países vecinos; Turquía acogió a 2,7 millones de sirios, Líbano a cerca de un millón y cerca de 650.000 fueron a Jordania. Tres cuartas partes de los refugiados son mujeres y niños. Según cifras de Unicef, al menos 652 niños fueron asesinados, un 20 % más que en 2015. Además, han sido reclutados, casi mil niños soldados, para luchar directamente en primera línea. Los más vulnerables son los 2,8 millones que se encuentran en zonas de difícil acceso. De ellos, 280.000 vivieron bajo asedio, casi completamente aislados de la ayuda humanitaria. 338 centros médicos quedaron reducidos a escombros en 2016.
 
 
 
información extraida de las webs:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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