James Bond

La reinvención del héroe

Texto de  Albert Beorlegui i Tous
Periodista, crítico y divulgador de la historia del cine

Hubo un tiempo, hace muchos y muchos años, en que los héroes, los de verdad, los que sólo aparecen en las películas, eran íntegros. Cumplían con eficacia su misión, mataban al malo sólo al final de la función y se quedaban con la chica que les había hecho tilín desde el principio. Pero a principios de los años 60 el mundo cambió. La guerra fría, el rock and roll, el cambio de gustos de la sociedad y quién sabe qué otras cosas más, transformó esta integridad en cinismo y apareció una nuevo prototipo de héroe, uno que no dudaba en matar sin ningún tipo de remordimiento a todo aquel que se interpusiera en su camino, que se acostaba con tres o cuatro chicas en cada película, y que al final se quedaba con otra que le duraría el tiempo que tarda en tomarse un martini (mezclado, que no agitado, por supuesto). Era Bond, James Bond y con él se reinventaba aquello que conocemos como “héroe”.

A estas alturas, poco importa que sus películas envejezcan a mayor velocidad que sus coetáneas, que sus argumentos continuen siendo embarullados o que represente toda una serie de valores que se lleven más bien poco en estos tiempos tan políticamente correctos que nos han tocado vivir. Lo mejor de Bond es que a pesar de todo ello, ha ido reinventándose a cada nueva entrega, que ha conseguido ser la franquicia más longeva de la historia del cine, y que ha conseguido que a cada nuevo estreno, una nueva generación de espectadores se enamoren del personaje.

Quizá el mayor logro de Bond no ha sido acostarse con todas las chicas que se han cruzado con él. Ni tan sólo haber descabezado en diversas ocasiones la siniestra organización Spectre. La mayor gesta de Bond ha sido sin duda haber logrado la inmortalidad. Lo que no está nada mal para estos tiempos que corren.

 

 

 

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