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El periodismo en el cine

Cine y periodismo

texto de Pepa Llausás
Analista de guión y crítica de cine
 
Pocas parejas han funcionado también como la que forman el cine y el periodismo. Durante años, Ciudadano Kane ha sido considerado por muchos la mejor película de toda la historia. No es, sin embargo, ni la primera ni la última en poner de manifiesto el profundo entendimiento que mantiene viva la llama entre el llamado cuarto poder y el séptimo arte. Las dos primeras décadas del cine sonoro dejaban ya bien claro ese entente cordial. El periodista de la época era el ideal del hombre de acción que portaba el grito de la verdad en su mano, era el prototipo del aventurero siempre dispuesto y siempre en movimiento, y el cine es el medio del movimiento por excelencia. A comienzos del S. XX , nadie ponía en duda las proclamas periodísticas. La imagen era el reflejo de una verdad incorruptible y el periodista cinematográfico disfrutaba de un particular halo de truhan al servicio del público, un trickser que jugaba a Robin Hood engañando a los poderosos y a los traidores aireando sus malas artes.  Los años treinta rebosaban comedias con apuestos periodistas en el papel de galanes, Sucedió una noche de Frank Capra o Historias de Philadelphia George Cukor son buenos ejemplos de ello. En 1941 Orson Welles marcará esa línea divisoria entre la total inocencia y el comienzo de la era moderna gracias a ese velo levantado que represento Ciudadano Kane. La película enfrentaba al espectador a una verdad tan terrible como evidente: no crean todo lo que ven, la película que están viendo, como la historia del hombre que cuenta no es más que un artificio para manipular su opinión. El ingenuo abandono con el que el público se entregaba a las imágenes se resquebrajó y el cine y los medios de comunicación tuvieron que adaptarse a los nuevos tiempos unos que pasaron progresivamente de la creencia más naife a la exacerbada incredulidad de la era digital. A partir de entonces, el periodista cinematográfico comenzó a mostrarse como un ser más complejo, más curtido y más arriesgado. A medio camino entre el amoral detective privado carente de toda fe o esperanza y el aventurero más apasionado, los periodistas de cine comenzaron a jugar por igual tanto la baza de los defensores del derecho del público a conocer la verdad como los responsables, más o menos directa o indirectamente de su manipulación. La lista de películas dignas de elogio y de inagotable visionado es tan larga como apasionante. La recopilación de los 152 carteles de esta muestra seleccionada es una buena oportunidad para volver a recrearnos en algunas de las más importantes.

 

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