Emporda 1 setembre 2026

El figuerense Lluís Benejam ha reunido, sobre todo durante los últimos treinta años, una de las colecciones archivísticas de cine más importantes de España, con el mérito de haberla formado a base de intercambios y donaciones. Benejam considera que su archivo no es suficientemente conocido ni valorado, a pesar de que conserva material cinematográfico único.

 

Texto: Cristina Vilà Bartis
Fotografías: Eduard Martí

«La colección es parte de mi vida, no se puede cuantificar en dinero»
 
Cuando el figuerense Lluís Benejam (1954) tenía dieciséis años trabajaba en la imprenta Trayter de Figueres. Allí se hacían los programas de mano que se entregaban a la salida del cine y comenzó a coleccionarlos, no tanto por la película «sino por el dibujo; me atraía pensar que un papel podía motivar a ver una película, como las portadas de los libros».
 
Este fue el origen de una colección-archivo que, con sede en Capmany y después de más de cincuenta años, reúne 36.313 carteles de 22.450 películas, 22.500 guías publicitarias, 16.000 programas de mano y referencias de 43.394 películas estrenadas en España desde 1929 hasta la actualidad, entre otros materiales.
 
Uno de sus grandes valores es que solo un 5 % del material ha sido adquirido. El resto procede de intercambios o donaciones de personas vinculadas al mundo del cine, por las que Benejam siente un profundo agradecimiento. Lamenta, sin embargo, que la colección no sea suficientemente conocida ni en el Empordà ni en Cataluña: «No hay demasiado interés y me sabe un poco mal porque todo este material ya no se podrá conseguir; muchas de estas piezas son únicas».
 
La colección es parte de mi vida y no se puede cuantificar en dinero. Yo nunca he buscado un interés económico. Ha sido una pasión que me ha llevado a investigar y descubrir cosas», admite.Una pasión que le ha hecho vivir momentos de felicidad, como cuando encontró el cartel de la película Castillos en la arena (1965), que llevaba años buscando, en el cine Las Vegas. La emoción fue tal que se puso a bailar con él. Benejam ha dedicado miles de horas a su colección, levantándose a las cuatro de la madrugada antes de entrar a trabajar.
 
No le pesa, porque, además de haber disfrutado mucho con ello, cree que «estoy haciendo algo que, a la larga, será interesante para que pueda conservarse». En este sentido, Benejam dispone de material que ni siquiera tienen las filmotecas. Es consciente de que llegará el día en que tendrá que desprenderse de él y, de hecho, ya ha recibido una oferta de una persona de fuera de Cataluña que quiere montar un museo del cine. También tiene pendiente recibir la visita de responsables de la Generalitat y de la Filmoteca Española.
 
«Ver que hay gente interesada me anima a continuar», afirma. Su colección está ordenada, catalogada y digitalizada, y puede consultarse gracias a una completa página web, archivocine.com, que recibe unas 1.400 visitas a la semana. El coleccionista reconoce que ahora cuesta mucho conseguir carteles originales y material cinematográfico. Con La Odisea, por ejemplo, tuvo que recurrir a una distribuidora porque en Figueres no tenían ninguno.
 
«Al final todo será digital y es una lástima porque los carteles son arte», dice mientras despliega ante mí impresionantes originales de 1953, la mayoría dibujados y cuidadosamente conservados entre papeles sin ácido. A menudo Lluís Benejam se ha sentido como «un trapero», recorriendo cientos de kilómetros —desde Olot hasta Girona, pasando por Barcelona, Lleida, Irún, Tudela y San Sebastián— y explorando locales llenos de telarañas.
 
Todavía recuerda cuando se carteaba con otros coleccionistas para realizar intercambios. Sin embargo, el mejor momento, explica, «es ir a un cine y que te digan: llévatelo todo, y cargas dos furgonetas. Es una emoción increíble».
 
Eso todavía le ha ocurrido no hace mucho en Blanes, Salt o Penelles. También durante algunos cierres de cines en Girona, como el Albèniz o el Ultònia. Una de las mejores partes de esta aventura ha sido conocer a mucha gente, sobre todo a propietarios de cines como Narcís Agustí, de la cadena Ocine de Girona, con cines en toda España, o Antoni Camprubí, propietario de Las Vegas, el Savoy y, posteriormente, de los multicines de Figueres. Fue precisamente a él a quien recurrió en 1996, cuando decidió reactivar la colección a raíz de la propuesta de realizar una exposición dedicada al centenario del cine, Los Óscar de Hollywood.
 
«Camprubí me hizo subir a las buhardillas y aquello era el paraíso, estaba lleno de material y me dejó llevármelo», recuerda.
 
Por aquel entonces, los cines lo guardaban todo: carteles, guías publicitarias, fotocromos o lobby cards, material de marketing que conservaban —lo habían pagado— «por si volvían a proyectar aquella película». «Ahora los cines no tienen espacio y lo tiran todo a los quince días, o bien no les llega nada porque todo es digital».
 
Lluís Benejam nunca tiene un no para nadie. Ha colaborado tanto con asociaciones locales como con instituciones nacionales, como la Filmoteca Española, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Instituto Cervantes, el Institut Jean Vigo, el Museu del Cinema de Girona o la Filmoteca de Catalunya, a la que donó 20.000 carteles, de los cuales unos 6.000 les faltaban. Ha organizado exposiciones y ferias —como la Feria del Cine de Figueres— y ha aportado material para libros, entre otras iniciativas.
 
Esta misma semana tiene previsto viajar hasta Toulouse para intercambiar con la Filmoteca cientos de carteles por material cinematográfico francés.
 
La colección le ha proporcionado experiencias sorprendentes y ejemplos de generosidad, como la relación que estableció con Omar Facelli, un uruguayo que tenía una tienda y a quien conoció por internet realizando intercambios. Tras los atentados contra las Torres Gemelas de 2001, los clientes estadounidenses dejaron de comprarle y, para ayudarle, Benejam le encontró un comprador catalán para su colección.
 
En agradecimiento, Facelli le envió un montón de carteles «buenísimos», entre ellos uno de Ben-Hur (1959), que Benejam tiene enmarcado en un lugar privilegiado de su archivo.
«La col·lecció és part de la meva vida, no es quantifica en diners» 
 
Quan el figuerenc Lluís Benejam (1954) tenia setze anys treballava a la impremta Trayter de Figueres. Allà s’hi feien els programes de mà que es donaven a la sortida del cinema i va començar a col·leccionarlos, no tant per la pel·lícula «sinó pel dibuix; m’atreia pensar que un paper motivava veure una pel·lícula, com les portades dels llibres».
 
Aquest va ser l’embrió d’una col·lecció-arxiu que, amb seu a Capmany i després de més de cinquanta anys, reuneix 36.313 cartells de 22.450 pel·lícules, 22.500 guies publicitàries, 16.000 programes de mà i referències de 43.394 pel·lícules estrenades a Espanya des del 1929 fins ara, entre altres.
 
Un dels grans valors és que només un 5% del material ha estat adquirit. La resta són intercanvis o donacions de persones vinculades al món del cinema per a les quals Benejam sent un profund agraïment. Lamenta, però que la col·lecció no sigui prou coneguda ni a l’Empordà ni a Catalunya: «No hi ha gaire interès i em sap una mica de greu perquè tot aquest recull ja no es podrà aconseguir més; molt d’aquest material són peces úniques». 
 
La col·lecció és part de la meva vida i no es pot quantificar en diners. Jo mai he buscat un interès econòmic. Ha estat una passió que m’ha dut a investigar i descobrir coses», admet, una passió que li ha fet viure moments de felicitat com quan va trobar el cartell de la pel·lícula Castells a la sorra (1965), que perseguia des de feia anys, al cinema Las Vegas. L’emoció va ser tal que es va posar a ballar amb ell.  Benejam ha dedicat milers d’hores a la seva col·lecció, aixecant-se a les quatre de la matinada abans d’entrar a la feina.
 
No li dol perquè, a banda d’haver-s’ho passat bé, creu que «estic fent una cosa que, a la llarga, serà interessant perquè es pugui conservar». En aquest sentit, Benejam disposa de material que ni les filmoteques tenen. És conscient que arribarà el dia que se n’haurà de desprendre i, de fet, ja ha rebut una oferta d’una persona de fora de Catalunya que vol muntar un museu del cinema i té pendent rebre la visita de responsables de la Generalitat i de la Filmoteca Espanyola.
 
«Veure que hi ha gent interessada m’anima a continuar», diu. La seva col·lecció està ordenada, catalogada i digitalitzada i és consultable gràcies a una completa web, archivocine. com, que rep unes mil quatrecentes visites a la setmana. El col·leccionista reconeix que ara costa molt aconseguir cartells originals i material. Amb L’Odissea, per exemple, ha hagut de recórrer a una distribuïdora perquè a Figueres no en tenien.
 
«Al final tot serà digital i és una llàstima perquè els cartells són art», diu mentre desplega davant meu originals impressionants de l’any 1953, la majoria dibuixats i conservats acuradament entre papers sense àcid. Sovint Lluís Benejam s’ha sentit com «un drapaire» recorrent centenars de quilòmetres -des d’Olot fins a Girona, passant per Barcelona, Lleida, Irun, Tudela i Sant Sebastià- i explorant locals plens de teranyines.
 
Encara recorda quan es cartejava amb altres col·leccionistes per fer intercanvis. El millor moment, però però, «és anar a un cinema i que et diguin, emporta-t’ho tot, i carregues dues furgonetes. És una emoció increïble ».
 
Això encara li ha passat no fa tant a Blanes, Salt o Penelles. També en alguns tancaments de cinemes a Girona, com l’Albèniz o l’Ultònia. Una de les millors parts d’aquesta aventura és haver conegut molta gent, sobretot propietaris de cinema com Narcís Agustí, de la cadena Ocine de Girona, amb cinemes a tot Espanya, o Antoni Camprubí, propietari de Las Vegas, el Savoy i, més tard, dels multicinemes, a Figueres. Va ser a ell a qui va recórrer l’any 1996 quan va decidir reactivar la col·lecció arran de la proposta de fer una exposició dedicada al centenari del cinema, Els Òscars de Hollywood.
 
«Camprubí em va fer pujar a les golfes i allò era el paradís, estava ple de material i me’l va deixar endur», rememora.
 
Aleshores els cinemes ho guardaven tot: cartells, guies publicitàries, fotocroms o lobby cards, màrqueting que conservaven -l’havien pagat- «per si tornaven a fer aquella pel·lícula. Els cinemes ara no tenen espai i ho llancen tot als quinze dies o bé no els arriba res perquè és digital».
 
Lluís Benejam mai té un no per a ningú. Ha col·laborat tant amb associacions locals com amb institucions nacionals com la Filmoteca Espanyola, el Museu Nacional Rei Reina Sofia, l’Instituto Cervantes, l’Institut Jean Vigo, el Museu del Cinema de Girona o la Filmoteca de Catalunya, a la qual va fer donació de vint mil cartells, dels quals uns sis mil els mancaven. Ha organitzat exposicions, fires -la del Cinema a Figueres-, ha aportat material per a llibres...
 
Aquesta mateixa setmana té previst viatjar fins a Tolosa per intercanviar amb la Filmoteca centenars de cartells per material cinematogràfic francès.
 
La col·lecció li ha dut vivències sorprenents i exemples de generositat, com la relació amb Omar Facelli, un uruguaià que tenia una botiga i a qui va conèixer per internet fent intercanvis. Amb els atemptats a les Torres Bessones, el 2001, els clients americans li van deixar de comprar i per ajudar-lo, Benejam li va trobar un comprador català per a la seva col·lecció.
 
En agraïment, Facelli li va enviar un munt de cartells «boníssims», entre ells un de Ben- Hur (1959) que té emmarcat en un lloc privilegiat del seu arxiu.

 

En el PDF encontrará el artículo publicado el Semanario L'Empordà septiembre 2026

 

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